miércoles, 4 de mayo de 2011

Los pendientes de pellizco

Como ya os he contado en alguna ocasión, su coquetería llega hasta el último detalle: por ejemplo, los pendientes.

Hace muchísimos años que tiene los agujeros de las orejas rajados. Ya en una ocasión intento hacerse unos nuevos y dejarse cerrar los otros. En realidad, se los hizo pero luego cada vez que se ponía los pendientes se equivocaba por lo que los nuevos se le cerraron y los viejos son los que usaba.

Con el paso del tiempo, la raja cada vez fue más grande hasta que un día se le calló el pendiente porque había llegado al final. Esto ocurrió pocos días antes de la boda de uno de sus sobrinos-nietos por lo que para ella se convirtió en un ‘gran problema’ ya que decía no tener pendientes para el evento.

La verdad es que sí que tenía unos de pellizco para los que no hacía falta agujero así que su cuidadora se los enseñó, se los probó para que los viera y le mostró donde los guardaba para no perderlos antes de la celebración. Aún así ella constantemente se olvidaba por lo que se pasó los días y los días preocupada.

Y fue esa preocupación la que la llevó a preguntar a todos los amigos, vecinos y familiares que si tenían unos pendientes de pellizco porque ella los necesitaba para la boda. Por lo que todos llamaban a casa para hablar con la familia y preguntar por qué ella no tenía pendientes.

Su cuidadora, muy pacientemente, le explicaba a todos que sí tenía pendientes y que no tenían de que preocuparse porque de no tener ellos les comprarían unos, pero ese no era el caso. Además, tuvo que ser más paciente aún con ella porque cada 5 ó 10 minutos había que volverle a explicar que sí tenía pendientes y donde estaban.

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