martes, 3 de julio de 2012

Las gambas que acaban con la paciencia


Se aburre. Ese es el problema de sus mañanas y el no tener nada que hacer la empuja a tener sueño y querer acostarse. Sin embargo, si duerme luego por la tarde está muy nerviosa e hiperactiva. Así que nos hemos propuesto entretenerla.
A veces, damos un paseo pero el fuerte sol de Julio no siempre lo permite. Otras veces, le ponemos la televisión con programación que le gusta pero no suele funcionar y acaba durmiéndose en el sillón. Por tanto, lo que solemos hacer es darle tarea.
Desde doblar ropa, aunque luego tengamos que volverla a doblar, a pelar alguna hortaliza en la cocina, aunque luego le tengamos que dar nosotros el último toque. Todo vale por tal de que se distraiga pero ese entretenimiento puede llegar a acabar con la paciencia y los nervios de quienes la rodean.
Por ejemplo, justo esta mañana le hemos dado un platito con gambas para que las pele. Nos pareció una buena idea ya que lo puede hacer sentada en la mesa de la cocina tranquilamente ya que no lo necesitamos hasta la noche. Como siempre, le pusimos un pequeño bol con las gambas para pelar, un recipiente vacío para que echara las peladas, una bandejita blanca para echar las cáscaras y le explicamos como lo tenía que hacer y donde echar cada cosa a la vez que lo hacíamos para que lo viese.
Cuando ella comenzó la tarea, tras quitar la primera cabeza preguntó si tenía que quitarle la cola a la gamba y le dijimos que sí que tenía que pelarla entera igual que las que ya estaban en la fiambrera. Sin embargo, cuando llegó al final de la gamba le dejó la cola y la echó con las peladas. Nosotros insistimos en que volviese a cogerla y le quitase toda la cáscara mientras ella contestaba que es que no lo sabía porque no le habíamos dicho nada. Sin embargo, volvió a coger la gamba pero no la peló sino que la echó en el otro bol.
Así que volvimos a comenzar desde el inicio y explicarle en qué consistía la tarea. Pero su memoria también empezó y cuando sólo había quitado la cabeza preguntó si la pelaba entera o le dejaba la cola. Le explicamos una vez más que sí pero la historia se repite, se repite y se repite.
Tras media hora nos damos por vencidos y nos concienciamos de que el objetivo es que se entretenga y no que pele las gambas así que decidimos que lo haga como quiera y luego nosotros lo arreglaremos pero ella sigue insistiendo y preguntando una y otra vez. Y pregunta, y le contestamos, y lo hace mal, y vuelve a preguntar, y volvemos a responder, y vuelve a hacerlo más, e insiste en la pregunta, e insistimos en la respuesta, e insiste en hacerlo más…
Finalmente, todos acabamos nerviosos y las gambas siguen sin pelar. Quizás mañana acertemos con la distracción.

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